Análisis del entorno económico y de valores de inversión

Si hace un mes el utópico “rally de fin de año” que salvara el año en la renta variable se presentaba como una quimera, como era de esperar, este no se ha producido. El 2018, en contra de lo que vaticinaban una parte importante de los analistas, pasará a la historia como un “annus horribilis” para los inversores en bolsa. Prueba (irrefutable) de ello reside en que todos los índices bursátiles más relevantes de las principales economías del mundo han finalizado el año en números rojos.

De este modo el Dax alemán se ha dejado más de un 18%, el retroceso del Ftse italiano sobrepasa el 16%, el EuroStoxx ha cedido más  de un 14%, el Cac 40 francés casi un 11% y, finalmente, nuestro Ibex 35 se ha devaluado un 15%; siendo el peor ejercicio para el principal índice de la bolsa española desde el año 2010, en el que retrocedió casi un 17,5%. Las pérdidas también se han extendido por el mercado asiático en donde los mercados bursátiles de las dos principales economías de la región han registrado, también, importantes pérdidas (-13,61% el Hang Sang chino y -12,08% el Nikkei japonés). Pero sin duda alguna, lo más significativo es que después de mucho tiempo de ininterrumpido crecimiento los “osos” han regresado a Wall Street (los tres principales índices la bolsa estadounidense registran pérdidas entre el 3,5% y el 6,5% en el global de 2018). Pese a disfrutar de unos datos macro envidiables y de una situación económica robusta, los temores a un agotamiento del ciclo económico comienzan a planear sobre la primera economía mundial. Sin embargo, la mayor preocupación que reside ahora mismo en los mercados de capitales habita en que, si bien el 2018 ya nos ha dejado, las incertidumbres y temores que contribuyeron a la debacle bursátil del año pasado permanecen intactos:

  • La volatilidad se instala, veremos por cuanto tiempo, en Wall Street – La primera economía del mundo ha cerrado un 2018 fantástico para el conjunto de su economía (la economía ha crecido por encima del 3% por primera vez desde la caída de Lehman Brothers; el mercado laboral se encuentra, prácticamente, en pleno empleo, por tercer mes consecutivo se encuentra en el 3,7%, registrando mínimos desde finales de 1969; etc.). No obstante, cada vez son más los que empiezan a pensar que el ciclo comienza a agotarse. Mientras que por un lado Jerome Powell, máximo mandatario de la Reserva Federal, aboga por una ortodoxa subida de tipos en consonancia con la situación de la economía norteamericana, de cara a poder tener margen de maniobra para inyectar liquidez bajando tipos con la suficiente contundencia para reducir el impacto de una posible recesión; otros (entre ellos el presidente Donald Trump) en la máxima autoridad monetaria norteamericana defienden una ralentización en la subida de los tipos de interés y condicionar ésta a la evolución de la economía. A las diferencias en el seno de la Reserva Federal hay que sumarle las dudas que persisten sobre que, finalmente, la disputa comercial con China llegue a su fin. Si bien es cierto que las hostilidades se encuentran en una tregua y que ambos presidentes han rebajado el tono de sus discursos y, además, admitido acercamientos que podrían derivar en un acuerdo a gran escala que pusiese fin, de una vez por todas, al avance de los aranceles a las exportaciones que se han infligido las dos potencias; la ausencia de que éste se haya formalizado mantiene a los mercados en máxima alerta. Por último, los dos últimos batacazos que ha experimentado la bolsa americana en el siglo veintiuno han estado precedidos por una curva de los tipos de interés invertida, es decir,  paradójicamente se remuneraba más al inversor a corto plazo que a largo plazo. A día de hoy la curva se encuentra, prácticamente horizontal y, cada vez más, el temor a una recesión en 2020 (cuando se estima que se invertirá la curva) continúa cogiendo fuerza. No obstante, las distintas incertidumbres sin resolver podrían adelantar los acontecimientos.
  • El euro celebra su veinte aniversario en un año clave para su porvenir – La divisa “única” que adoptaron diecinueve países el uno de enero de 1999 cumple dos décadas.  Y si bien el balance de la unión monetaria ha sido más que positivo, la falta de avance en la unión política y la ausencia de una unión fiscal han limitado las herramientas de la Unión Europea ante situaciones de crisis a la actuación monetaria (vía reducción tipos de interés y compra masiva de deuda) del Banco Central Europeo; el cual ha tenido que “jugar” en desventaja, respecto a otros bancos centrales. El año 2019 se presenta lleno de retos para la economía europea. Por un lado el BCE está finalizando su proceso de cambio de rumbo en la política monetaria. La conclusión de su programa de compra masiva de activos (Quantitative Easing) pone punto y final a casi cuatro años en los que la institución presidida por Mario Draghi ha inundado de liquidez el mercado, con el objetivo de generar inflación y, así, espantar el fantasma de la deflación que merodeaba en la zona euro. Una vez anunciado el fin del programa, las dudas y los miedos residen en si la economía europea es capaz de crecer lo suficiente como para responder positivamente a una posible subida de tipos de interés, los cuales se mantienen en el 0%. Si al empeoramiento de las expectativas de crecimiento en la zona euro; la incertidumbre ante la retirada de estímulos por parte del Banco  Central Europeo; el temor a que se produzca una guerra comercial a gran encala que debilite el comercio mundial; las crisis políticas en varios de sus países miembros, en los que el tono euroescéptico continúa ganando adeptos; le añadimos la, cada vez más real, posibilidad de un Brexit “duro”; el horizonte cercano, a día de hoy, no resulta demasiado alentador. No obstante, que el futuro más inmediato de la Unión Europea se encuentre repleto de retos tampoco nos debe instaurar en un estado de pesimismo absoluto. Como diría un emblemático entrenador de fútbol, la zona euro debe ir “partido a partido”. En este contexto, la siguiente fecha importante será la semana del próximo catorce de enero. Durante esa semana el parlamento británico votará el acuerdo que Theresa May y su equipo alcanzaron con la Unión Europea. En caso de que la votación fracase, cómo muchos anticipan, la posibilidad de una salida caótica del Reino Unido de la Unión Europea empezará a tornarse en certeza; con las inesperadas consecuencias que ello supondría.

Con el entorno hostil actual sería muy recomendable, cómo viene siendo habitual en las últimas semanas, reforzar la apuesta en títulos defensivos y mantener un importante nivel de liquidez que nos permita “entrar” en las distintas oportunidades que puedan ir apareciendo, como consecuencia  de las numerosas incertidumbres,  en los mercados. Siguiendo esta línea, y desde la experiencia en el mercado de crédito consideramos que tienen buenos fundamentos los siguientes valores:

  • Sector energético – De los ocho valores, dentro de todo el Ibex 35, que han experimentado una evolución positiva a lo largo de 2018, más de la mitad (5) pertenecen al sector de la energía. De hecho, si incrementamos la precisión a los cuatro valores que más progresaron durante el año pasado, todos ellos se corresponden con empresas eléctricas. En situaciones donde los desafíos y las dudas se apoderan de los mercados bursátiles, las utilities suelen ser un buen mecanismo de aversión al riesgo. Además, en el caso del índice de referencia de la bolsa española, las empresas que pertenecen a este sector se encuentran muy capitalizadas y ofrecen, además, una política de dividendos “interesante”; proporcionando un buen equilibrio entre limitación del riesgo y maximización de la rentabilidad. En consecuencia con esto, valores como Iberdrola (la cual ha alcanzado recientemente un importante acuerdo con el fabricante de coches Nissan, para reforzar su apuesta en el desarrollo del coche eléctrico, tan demando hoy en día), Naturgy, Endesa y Red Eléctrica se podrían considerar como valores atractivos para el inicio de este 2019.
  • Sector Inmobiliario – Si bien se trata de un sector con un riesgo considerablemente mayor al caso anterior se trata de una actividad a la que todavía le queda recorrido. De acuerdo con un estudio publicado por la Sociedad de Tasación, el precio de la vivienda continuará creciendo, de forma moderada, en España a lo largo de 2019. Por otro lado, la rentabilidad del alquiler continúa al alza (la Sociedad de Tasación la fija en el 8,1% del valor del inmueble), con lo que resulta probable que continúe creciendo el apetito inversor hacia el sector. En este sentido, y pese a la corrección que han experimentado en su cotización a lo largo del año pasado, Colonial (-1,79% en 2018) y Merlin Properties (-4,56% en 2018) tendrían un potencial alcista.

En situación opuesta consideramos con una mayor volatilidad a corto plazo:

  • Sector Bancario – A pesar de que las entidades bancarias que cotizan en el Ibex 35 ya vienen de un año de importantes pérdidas en bolsa, este 2019 se presenta como un auténtico desafío para el sector (especialmente en Europa). Si bien es cierto que debido a la fuertes correcciones en la cotización de sus títulos pueden suponer un atractivo desde el punto de vista técnico,  las incertidumbres que envuelven al sector en el viejo continente sobre el final del programa de compra de activos por parte del BCE (QE), la posible subida de tipos de interés y una mayor exigencia de capital ante una nueva crisis, lo convierten en un sector con mayor riesgo, al menos a corto plazo.
  • Atentos a la semana del 14 de enero – Suena repetitivo, pero la importancia de la votación que se producirá en el parlamento británico durante este mes de enero podría afectar gravemente a lo cotización de los títulos del Ibex con una mayor presencia en Reino Unido. El resultado de la votación afectará tanto positivamente (si  la cámara de los comunes acepta el acuerdo alcanzado por May), como negativamente (si el parlamento británico rechaza el acuerdo y el Brexit caótico se convierte en realidad) al valor bursátil de títulos como Teléfonica, Ferrovial (pese a que recientemente ha movido activos por valor de más de 6.000 millones de euros de Reino Unido a Holanda) y, especialmente, IAG.

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